Crecimiento resistente a pesar de la incertidumbre en las condiciones internas y externas
El crecimiento económico experimentó un repunte espectacular en 2024, impulsado por una recuperación generalizada de la demanda interna y unas condiciones externas favorables. La confianza de las empresas y de los consumidores mejoró. La disminución de la inflación y el aumento de los ingresos reales respaldaron el gasto de los hogares a lo largo de todo el año. La inversión cobró fuerza, respaldada por la mejora de las condiciones crediticias y la estabilidad política, así como por un sólido repunte de las importaciones de bienes de capital.
En 2025, se prevé que el crecimiento de Perú continúe a un ritmo moderado, impulsado una vez más por una demanda interna resistente. El consumo privado, que representa el 66 % del PIB, seguirá siendo el principal motor del crecimiento, respaldado por unas condiciones sólidas del mercado laboral, unos salarios más altos —incluido el reciente aumento del salario mínimo— y una inflación moderada, factores que, en conjunto, impulsan el poder adquisitivo de los hogares. La inversión también seguirá siendo dinámica, impulsada por un clima empresarial favorable, el aumento de la inversión extranjera directa en los sectores de la minería, las comunicaciones y la energía, y la mejora de las perspectivas de ejecución de proyectos. Sin embargo, el crecimiento se desacelerará, debido principalmente a la ralentización económica mundial, que se ve agravada por la política comercial exterior del presidente de EE. UU., Trump. Es probable que esta política desencadene medidas de represalia, inflacione los precios y perturbe las cadenas de suministro mundiales, lo que afectará a la confianza empresarial y a las decisiones de inversión en todo el mundo. A pesar de estos retos, la sólida producción de cobre y oro, así como el aumento de los envíos de productos agrícolas y mariscos, permitirán que las exportaciones netas contribuyan de manera significativa al crecimiento, complementando la recuperación interna y ayudando a compensar el posible lastre derivado de un menor apoyo fiscal. Se espera que el turismo registre buenos resultados, impulsado por iniciativas como el programa «Pueblos con Encanto», que promueve el turismo rural y las prácticas sostenibles. Además, el sector agrícola se beneficiará del aumento de las exportaciones de productos no tradicionales, como el cacao y el café.
Sólida posición exterior y consolidación fiscal a la vista
El superávit por cuenta corriente en 2024 mejoró considerablemente gracias a unos términos de intercambio favorables, respaldados por una balanza comercial que se mantuvo sólida, en un contexto de robustas exportaciones mineras y agrícolas, el auge de las ventas de harina de pescado y un crecimiento moderado de las importaciones durante la mayor parte del año, a pesar de la recuperación gradual de la demanda interna. El déficit de los servicios se redujo aún más, beneficiándose de una recuperación constante del turismo, mientras que la bajada de los costes de transporte contribuyó a estabilizar las importaciones de servicios. En 2025, se prevé que el superávit por cuenta corriente disminuya moderadamente, como reflejo de una reducción del superávit comercial a medida que el crecimiento de las importaciones se acelere junto con un consumo interno robusto. Las exportaciones mineras —especialmente de cobre, que representan el 40 %— se mantendrán sólidas, pero se verán parcialmente compensadas por el aumento de las importaciones de bienes de consumo y de capital. Al mismo tiempo, el déficit de la renta primaria se ampliará debido al aumento de la repatriación de beneficios por parte de las empresas extranjeras, mientras que se prevé que el superávit de la renta secundaria se mantenga estable, respaldado por unos flujos constantes de remesas. Se prevé que la inversión extranjera directa (3 % del PIB) siga aumentando, sobre todo en los sectores extractivo, financiero y de las comunicaciones, lo que reforzará la ya sólida posición exterior de Perú. Dado que las reservas de divisas siguen siendo abundantes (cubren 18 meses de importaciones en marzo de 2025) y la deuda externa (el 56 % de la cual está en manos del sector privado) sigue una tendencia a la baja, hasta alcanzar el 37 % del PIB en 2024, las vulnerabilidades externas son limitadas y Perú se encuentra bien posicionado para hacer frente a posibles perturbaciones externas.
En el ámbito presupuestario, el déficit se amplió a principios de 2024, debido principalmente al aumento del gasto público destinado a apoyar la recuperación económica, pero comenzó a reducirse hacia finales de año, respaldado por unos ingresos fiscales más sólidos y un crecimiento del gasto aún moderado. El repunte del consumo privado y la mejora de la dinámica del mercado laboral impulsaron la recaudación del IVA y del impuesto sobre la renta, mientras que el gasto relacionado con las infraestructuras siguió lastrando las cuentas. Para 2025, se espera que el déficit se reduzca aún más, aunque es probable que se mantenga por encima del límite legal del 2,2 % del PIB. La evolución de los ingresos debería seguir mejorando gracias a la sólida demanda interna, al aumento de los precios del cobre y al incremento del empleo formal. Sin embargo, el gasto público actual, en particular en infraestructuras y salarios públicos, mantendrá el gasto en niveles elevados.
Inestabilidad en un panorama político fracturado
Tras el fallido autogolpe del anterior presidente Pedro Castillo en diciembre de 2022, Perú ha ido saliendo poco a poco de una de sus crisis políticas más graves de las últimas décadas. Su vicepresidenta, Dina Boluarte, ocupa la presidencia desde entonces, pero su Gobierno sigue enfrentándose a índices de aprobación históricamente bajos (3 % en marzo de 2025) y a una fragilidad institucional persistente. No obstante, el año 2024 se caracterizó por una relativa calma social, favorecida por la mejora de las condiciones económicas, en particular la caída de la inflación y el repunte del empleo y la inversión, factores que contribuyeron a reducir la intensidad de las movilizaciones antigubernamentales.
El giro hacia la derecha de Boluarte y su alianza con fuerzas centristas y conservadoras en el Congreso han proporcionado estabilidad a corto plazo y la han protegido de los intentos de destitución por parte de la izquierda. Sin embargo, esta alianza sigue siendo frágil, dada la profunda fragmentación y el oportunismo de la política peruana. A medida que se acercan las elecciones generales de abril de 2026, la brecha entre la población, por un lado, y el ejecutivo —profundamente impopular— y el Congreso —que genera desconfianza—, por otro, podría ampliarse, especialmente si se ralentiza el impulso económico o se intensifican las presiones sociales como la delincuencia, la desigualdad o los fenómenos meteorológicos extremos. Esta situación se ha visto agravada por la reintroducción de un sistema legislativo bicameral —con un Senado de 60 escaños que se suma a la Cámara de Diputados de 130 escaños— y por la posibilidad de que los congresistas puedan ser reelegidos indefinidamente a partir de 2026, cambios que fueron rechazados en referéndum en 2018. No se puede descartar un escenario en el que Boluarte no complete su mandato, pero el propio interés del Congreso en evitar elecciones anticipadas (dado que anteriormente se prohibía a los diputados la reelección inmediata) podría actuar como factor estabilizador.
De cara al futuro, es probable que el discurso político esté dominado por las preocupaciones en materia de seguridad, con candidatos de derecha a la cabeza de las primeras encuestas gracias a sus programas de mano dura contra la delincuencia. En el ámbito internacional, Perú mantendrá relaciones pragmáticas con socios clave como Estados Unidos y China, a pesar de las tensiones existentes con los gobiernos de izquierdas de la región, que siguen cuestionando la legitimidad del actual Gobierno. Además, más de 40 partidos tienen la intención de participar en las próximas elecciones, lo que refleja un panorama político muy fragmentado.

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